MI ENFOQUE

Carolina Fenoll Campillo

MI ENFOQUE​

Carolina Fenoll Campillo

Una mirada a la persona en su totalidad

Cada persona es mucho más que aquello que le sucede. 

A veces llegamos a terapia porque aparece un síntoma: ansiedad, tristeza, miedo, agotamiento, una dificultad en nuestras relaciones, una sensación de bloqueo o simplemente la percepción de que algo en nuestra vida ha dejado de estar en equilibrio. 

Mi forma de acompañar parte de una mirada más amplia. 

No busco únicamente comprender o aliviar aquello que se manifiesta, sino acercarnos juntos a qué puede estar expresando ese malestar y qué necesita ser escuchado, comprendido o transformado. 

Porque nuestra experiencia no sucede únicamente en la mente. 3 Pensamos, sentimos, habitamos un cuerpo, nos relacionamos con nuestro entorno y experimentamos dimensiones de nosotros mismos que, en ocasiones, resultan difíciles de expresar únicamente mediante palabras. 

Por ello, mi enfoque integramente, emoción, cuerpo y energía, atravesados por una dimensión que considero esencial en todo proceso de transformación: la conciencia.

MENTE

Comprender nuestra manera de pensar y de interpretar la vida

Nuestra mente construye continuamente significados. 

Pensamientos, creencias, expectativas, recuerdos y aprendizajes influyen en la forma en que interpretamos lo que nos sucede y en cómo nos relacionamos con nosotros mismos y con los demás. 

El trabajo psicológico permite observar esos patrones, comprender de dónde proceden y reconocer cuáles continúan siendo útiles y cuáles pueden estar limitándonos. 

No se trata de luchar contra nuestra mente, sino de aprender a observarla y comprenderla. 

Cuando hacemos consciente nuestra manera de pensar, aparece también la posibilidad de relacionarnos de otra forma con aquello que vivimos.

EMOCIÓN

Escuchar aquello que sentimos 

Las emociones forman parte de nuestra manera de estar en el mundo.

Alegría, tristeza, miedo, rabia, culpa, vergüenza, frustración o deseo contienen información sobre nosotros, nuestras necesidades, nuestros límites y nuestras relaciones. 

Sin embargo, muchas veces aprendemos a contenerlas, ignorarlas o juzgarlas. 

En terapia podemos crear un espacio seguro donde reconocer, expresar y comprender nuestra experiencia emocional, sin necesidad de rechazar aquello que sentimos. 

Cuando una emoción puede ser escuchada y comprendida, dejamos de vivirla únicamente como algo que debemos controlar y comenzamos a descubrir qué nos está mostrando.

CUERPO

El cuerpo también forma parte de nuestra historia

No vivimos únicamente desde el pensamiento. Vivimos también desde un cuerpo que siente, recuerda, se protege, se contrae, se expande y responde continuamente a nuestra experiencia. El estrés, las relaciones, determinados acontecimientos vitales o emociones difíciles pueden acompañarse de sensaciones y respuestas corporales que merece la pena aprender a escuchar. 

Por ello, mi manera de trabajar incorpora también una atención consciente al cuerpo, favoreciendo la percepción de las sensaciones corporales y la conexión con nuestra experiencia presente. 

El cuerpo puede convertirse así en una vía de autoconocimiento. 

Escuchar el cuerpo es también aprender a escucharnos.

ENERGÍA

Una dimensión complementaria de mi forma de acompañar 

A lo largo de mi recorrido personal y profesional he profundizado en diferentes disciplinas de trabajo corporal y energético que han ampliado mi manera de comprender al ser humano. 

Cuando la persona se siente cómoda con este enfoque y resulta coherente con su proceso, puedo incorporar determinadas prácticas energéticas como herramientas complementarias de bienestar y autoconocimiento, diferenciándolas siempre de la intervención psicológica sanitaria. 

Esta dimensión invita especialmente a detenernos, conectar con nuestra experiencia interna y recuperar espacios de presencia y escucha. 

No existe una única manera de recorrer un proceso personal. 

Por ello, las herramientas utilizadas se adaptan siempre a la persona, su momento y sus necesidades.

CONCIENCIA

El espacio donde todo comienza a encontrarse

La conciencia atraviesa todas las dimensiones anteriores.

No la entiendo como algo separado de la mente, la emoción, el cuerpo o la experiencia energética, sino como la capacidad de observarnos, reconocernos y estar presentes ante aquello que vivimos. 

Hacernos conscientes significa empezar a reconocer nuestros automatismos. 

Observar cómo pensamos. 

Identificar qué sentimos.

Escuchar cómo responde nuestro cuerpo. 

Comprender nuestras relaciones. 

Reconocer nuestras necesidades y nuestros límites. 

Y, poco a poco, descubrir desde qué lugar estamos viviendo nuestra propia vida. 

La conciencia no consiste necesariamente en encontrar inmediatamente respuestas. 

En ocasiones comienza simplemente con una pregunta: ¿Qué está ocurriendo realmente en mí? 

Desde esa observación puede abrirse un espacio nuevo entre aquello que nos sucede y nuestra manera habitual de responder. 

Y en ese espacio aparece algo fundamental: la posibilidad de elegir. 

Elegir cómo queremos relacionarnos. 

Qué queremos conservar. 

Qué necesitamos transformar. 

Qué límites necesitamos establecer. 

Qué partes de nosotros necesitan ser escuchadas. 

Y hacia dónde queremos dirigir nuestra vida.

MI ENFOQUE

Terapeútico

No se trata de trabajar estas dimensiones de forma aislada. 

Se trata de comprender cómo dialogan entre sí dentro de cada persona. 

Porque detrás de un pensamiento puede existir una emoción.

Detrás de una emoción puede aparecer una respuesta corporal. 

Detrás de determinados patrones puede existir una historia. 

Y cuando empezamos a observar todas esas dimensiones con mayor conciencia, podemos comenzar a comprendernos desde un lugar diferente.

MI FORMA DE

Acompañarte

No existe un proceso terapéutico idéntico a otro. 

Cada persona llega con una historia, unas necesidades, unos recursos y un momento vital diferente. 

Por eso, mi trabajo no parte de aplicar una fórmula predeterminada, sino de escuchar qué necesita cada persona y construir conjuntamente un proceso terapéutico respetuoso con su ritmo. 

Mi propósito es ofrecerte un espacio profesional, cercano y humano en el que puedas sentirte acompañado mientras exploras aquello que hoy necesita atención. 

Un espacio para comprender. 

Para sentir. 

Para escuchar el cuerpo. 

Para tomar conciencia. 

Y, desde ahí, comenzar a transformar. 

Volver a ti 

Quizá el proceso terapéutico no consista en convertirnos en alguien diferente. 

Quizá, en ocasiones, consista en aprender a escucharnos con suficiente profundidad como para volver a encontrarnos con quienes somos.

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