CÓMO PUEDO AYUDARTE

Carolina Fenoll Campillo

CÓMO PUEDO AYUDARTE

A veces no sabemos exactamente qué nos pasa. Solo sabemos que algo necesita cambiar.

No siempre llegamos a terapia con un nombre para aquello que estamos viviendo.

A veces sabemos que tenemos ansiedad. Otras veces simplemente sentimos que estamos cansados, desbordados, desconectados de nosotros mismos o atrapados en situaciones que se repiten. 

Puede que aparentemente todo esté bien y, sin embargo, sintamos que algo dentro de nosotros ha perdido su equilibrio.

 También puede ocurrir que estemos atravesando un cambio, una pérdida, una ruptura o un momento vital que nos obliga a detenernos y preguntarnos hacia dónde queremos continuar. 

No necesitas tener todas las respuestas para comenzar un proceso terapéutico. Podemos empezar precisamente ahí: en aquello que hoy te está ocurriendo.

Ansiedad, estrés y sensación de desbordamiento

Cuando tu cuerpo y tu mente parecen no poder detenerse 

Quizá llevas demasiado tiempo sosteniendo demasiado.

Pensamientos que no paran, preocupación constante, dificultad para descansar, tensión corporal, irritabilidad, sensación de estar siempre alerta o de no conseguir desconectar. 

En ocasiones, intentamos continuar con nuestra vida como si nada ocurriera hasta que nuestro cuerpo o nuestras emociones comienzan a decirnos que necesitamos parar. 

En terapia podemos explorar qué está alimentando ese estado de alerta, aprender a reconocer cómo se manifiesta en ti y desarrollar recursos que favorezcan una relación diferente con aquello que estás viviendo. 

No se trata únicamente de intentar silenciar la ansiedad. 

También podemos preguntarnos: ¿Qué está necesitando ser escuchado detrás de ella?

Momentos de cambio y crisis vital

Cuando la vida que conocíamos deja de ser la misma 

Hay etapas que nos obligan a recolocarnos. 

Una separación. 

Un cambio profesional. 

La maternidad o paternidad. 

La marcha de los hijos. 

Una pérdida. 

Una enfermedad. 

Un cambio inesperado. 

O simplemente la sensación de haber llegado al final de una etapa.

Las crisis vitales pueden generar incertidumbre y miedo, pero también pueden convertirse en momentos de profunda revisión personal. 

La terapia puede ofrecer un espacio para comprender lo que está ocurriendo, transitar la incertidumbre y comenzar a construir una nueva manera de situarnos ante nuestra propia vida.

Dificultades emocionales

Cuando aquello que sentimos comienza a pesarnos 

Hay emociones que podemos experimentar con tanta intensidad que terminamos intentando alejarnos de ellas.

Miedo. 

Rabia. 

Culpa. 

Tristeza. 

Vergüenza. 

Frustración. 

Soledad. 

Pero también existen momentos en los que ocurre lo contrario: dejamos de saber qué sentimos. 

El proceso terapéutico puede ayudarnos a recuperar ese diálogo con nuestra experiencia emocional, aprendiendo a reconocer las emociones, comprender qué información contienen y encontrar maneras más saludables de relacionarnos con ellas. 

Porque sentir no es el problema. 

En muchas ocasiones, el sufrimiento aparece en la lucha que mantenemos contra aquello que sentimos.

Relaciones y vínculos

Cuando queremos relacionarnos de otra manera 

Gran parte de nuestra experiencia emocional sucede en relación con otras personas. 

Pareja, familia, hijos, amistades, compañeros de trabajo.

A veces nos encontramos repitiendo determinados patrones: relaciones que nos generan sufrimiento, dificultad para establecer límites, miedo al abandono, necesidad constante de aprobación, dependencia emocional o conflictos que parecen repetirse una y otra vez. 

Trabajar nuestros vínculos significa también preguntarnos: 

¿Cómo me relaciono conmigo cuando me relaciono con los demás?

Comprender nuestros patrones relacionales puede ayudarnos a establecer vínculos más conscientes, reconocer nuestras necesidades y aprender a poner límites sin dejar de conectar con los otros.

Autoestima y relación contigo

Cuando has aprendido a cuidar de todos menos de ti 

Podemos acostumbrarnos durante años a vivir pendientes de las necesidades de los demás. 

Cumplir. 

Responder. 

Cuidar. 

Resolver. 

Y, mientras tanto, ir alejándonos poco a poco de nosotros mismos. La autoestima no consiste únicamente en “pensar bien de uno mismo”. 

Tiene que ver también con cómo nos hablamos, qué permitimos, qué necesitamos, qué límites establecemos y qué lugar ocupamos en nuestra propia vida. 

La terapia puede ayudarte a construir una relación contigo basada en mayor conocimiento, respeto y cuidado.

Bloqueos y patrones que se repiten

Cuando sabes que quieres cambiar, pero algo parece impedirlo 

Hay momentos en los que comprendemos racionalmente lo que nos ocurre y, aun así, seguimos repitiendo la misma conducta. 

Sabemos que una relación nos hace daño, pero permanecemos en ella. 

Sabemos que necesitamos poner un límite, pero no conseguimos hacerlo. 

Sabemos qué queremos cambiar, pero volvemos una y otra vez al mismo lugar. 

En esos momentos puede ser necesario ir más allá de la comprensión intelectual y explorar también la emoción, el cuerpo, la historia personal y los mecanismos que hemos aprendido para protegernos. 

El objetivo no es juzgar aquello que repetimos. 

Es comprenderlo. 

Porque aquello que hoy nos limita pudo haber sido, en otro momento de nuestra vida, una manera de protegernos.

Desconexión corporal

Cuando vivimos demasiado tiempo desde la cabeza 

Nuestra vida cotidiana puede llevarnos a funcionar constantemente desde el pensamiento. 

Planificamos, analizamos, anticipamos, resolvemos. 

Y podemos terminar perdiendo contacto con las señales más sencillas de nuestro propio cuerpo. 

Tensión. 

Cansancio. 

Respiración. 

Necesidad de descanso. 

Sensaciones de apertura o rechazo. 

El trabajo corporal puede ayudarnos a recuperar progresivamente esa capacidad de escucha y presencia.

No se trata de interpretar cualquier sensación física como un problema psicológico —ante
síntomas físicos es importante realizar la valoración sanitaria correspondiente—, sino de volver a incluir el cuerpo dentro de nuestra experiencia personal.

Duelo, pérdida y despedidas

Cuando necesitamos aprender a vivir con una ausencia 

El duelo no aparece únicamente ante la muerte de alguien querido. 

También podemos atravesar procesos de duelo después de una separación, la pérdida de un proyecto, un cambio profesional, una enfermedad, la pérdida de una etapa vital o incluso cuando debemos despedirnos de la persona que pensábamos que íbamos a ser. 

Cada duelo tiene su propio tiempo. No existe una forma correcta de atravesarlo. 

El acompañamiento terapéutico puede ofrecer un espacio donde la tristeza, la rabia, el miedo, el recuerdo y la transformación puedan tener lugar sin necesidad de acelerar el proceso.

Autoconocimiento y crecimiento personal

No necesitas estar mal para empezar terapia 

También podemos acudir a terapia sin encontrarnos ante una crisis. 

Quizá simplemente ha aparecido una pregunta: 

¿Quién soy ahora?

Puede existir el deseo de conocernos con mayor profundidad, comprender nuestros patrones, explorar nuestra forma de relacionarnos o vivir con mayor coherencia entre aquello que sentimos, pensamos y hacemos. 

Desde esta perspectiva, la terapia puede convertirse también en un proceso de autoconocimiento, conciencia y crecimiento personal.

Cuando has perdido tu centro

“No sé qué me ocurre, pero no me siento yo” 

Hay una experiencia difícil de explicar que muchas personas reconocen inmediatamente. 

La vida continúa. 

Trabajamos. 

Cuidamos. 

Cumplimos nuestras responsabilidades. 

Y, sin embargo, algo parece haberse desconectado por dentro. 

Podemos sentir vacío, falta de dirección, agotamiento emocional o la sensación de estar viviendo una vida que ya no sentimos plenamente nuestra. 

En estos momentos quizá no necesitamos encontrar rápidamente una respuesta. 

Podemos comenzar por crear un espacio donde detenernos y escucharnos. 

Reconectar con nuestro cuerpo. Reconocer nuestras emociones. 

Observar nuestros pensamientos. 

Explorar nuestras necesidades. Y recuperar progresivamente una mayor presencia en nuestra propia vida.

Un acompañamiento

Adaptado a Ti

No todas las personas necesitan lo mismo. 

Por eso, mi forma de trabajar no parte de aplicar una técnica idéntica a cada proceso. 

Desde mi formación psicológica y mi perspectiva integrativa, podemos trabajar fundamentalmente desde la palabra y la comprensión psicológica y, cuando sea adecuado y la persona así lo desee, incorporar recursos corporales, experienciales o prácticas complementarias vinculadas al bienestar y la conciencia. 

Mente · Emoción · Cuerpo · Energía · Conciencia 

El objetivo no es encajarte dentro de una categoría. Es comprender qué estás viviendo tú.

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